Historia del plátano en Tazacorte
El plátano es un viajero. Nació en el sudeste asiático, en Malasia, y tardó siglos en cruzar el mundo: pasó por la India, por Arabia, por las costas de África, y de la mano de los navegantes portugueses llegó a Canarias en el siglo XV. Durante mucho tiempo fue apenas una planta de huerta, casi una curiosidad. El gran salto llegó a finales del siglo XIX, cuando el autoconsumo se transformó en exportación: a La Palma arribaron entonces las casas exportadoras —entre ellas la inglesa Fyffes—, y en sus primeros años el cultivo se concentró en muy pocos lugares, con Tazacorte y Argual a la cabeza del Valle de Aridane. Se impuso una variedad menuda y resistente, la Pequeña Enana, tan bien adaptada a estas islas que con el tiempo casi solo seguiría cultivándose aquí y en Madeira.
Familias plataneras
Pero esta es, sobre todo, una historia de familias: las que aprendieron a leer la planta, a turnar el riego, a cargar racimos hasta el muelle. En la zona de San Miguel todavía resisten matas centenarias plantadas a comienzos del siglo XX, que han seguido dando fruto generación tras generación. Detrás de cada racimo hay una familia que lleva más de cien años cuidándolo.